03/04

Dedos cavilantes sobre el teclado,

la mirada perdida sobre teclas uniformes

El escritor ahí, sintiendo todo

sintiéndolo tan lento en dolorosa procesión

 

Sus manos parecen arrasadas por los años,

los surcos en su piel tan profundos y añejados.

No tiene color más que un muerto tono cenizo,

un tono cenizo que le sabe a hiel.

No se siente feliz, no se siente joven,

no se siente ganador ni mucho menos competencia.

Se encontró con su pasado y este en su furia

Le arrebata lo poco que le queda de futuro.

 

No deja de pensar en cómo ha fallado

y no culpa a nadie más que a sí mismo en su silencio.

Tan vacío es ese efímero sentido de existencia

que hace meses que dejó de importarse.

Sin embargo, en su tortura, está más lúcido,

Pareciera encontrar, muy muy tarde,

ese significado esquivo de la felicidad

Si la abraza o no, ya él no decide eso.

 

El frío le congela los huesos,

el frío le esquiva los reclamos.

Nadie sabe más de silencio y soledad

que el que ha cavado su tumba estando vivo.

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A él

Estás ahí,
despertando de un ensueño,
descubriendo que por inercia
has caminado un poco mas.
Ahí, con una acción mundana
que repites por alguna razón,
que te sirve para mezclarte
y no sentirte tan inutil.

Despiertas de una costumbre
que ya ni intentas racionalizar.
Abres los ojos un poco mas,
para confirmar que estás.
Y estás en ti,
y debes estar tambien para los demas,
y te ahoga una sensación
Una sensación de infinita soledad.

– Que haces? dejalo así –
escuchas cerca de ti,
y por instinto mas que otra cosa
sigues la voz hasta su fuente.
Sí, si eras tú al que hablaban.
Eras quien no sirvió para mas.
Quien de su en sueño despierta
para notar que no sirve para esto.

Y esa extraña sensación de soledad
te embarga y se asienta en ti.
Recorre tu vida en un decaimiento.
Eres tú que ya no perteneces.
La depresión se te hace presente,
pierdes el apetito voraz.
Solo quieres escribir
Solo quieres escapar.

En ese instante vuelves a no estar
y, por inercia, te vas;
te vas a ocultarte entre letras
te vas a ocultar en tu infinita soledad…

– A mi Muerte –

Puedo sentir el frío que emanas,
que emana tu alma, que emana tu piel.
Puedo sentir tu cuerpo,
y aun gélido, no te puedo perder.

No hay luz en tu mirada,
no hay fuerza en tus abrazos,
no hay vida en tus labios
ni alma en tu querer.
No hay roce que caliente mi corazón,
no hay fuego en tus ojos,
no hay ni una pizca de energía
que me puedas ofrecer.

Eres un fantasma que ronda,
que ronda mis recuerdos, mis pensamientos.
Eres quien pena y mueve cadenas
sin siquiera darme un poco de paz
Y vas por ahí, tomando el tiempo,
que se escapa por tus manos como el mar.
Tú, que siendo efímera te crees eterna,
tú, no mas que un ave rapaz.

Deja ya mis aposentos
que de nada sirve que sigas acá.
Deja ya ir la pena que te aqueja,
ya no te puedo cuidar.
Ya mi fuerza no me enerva,
ya no me produces sino asco.
A ti, que tanto te quise en mi pasado
a ti, que no te puedo soportar.

Lo siento por tus quejidos,
siento que ya no me pueda doler.
Como pasa el tiempo que no te olvido
Aunque ya no te pueda querer.
Lo siento por ti y tus demonios,
no los quiero cerca de mí.
Ya tendras tiempo de atormentar a otros
Ya habrá quien te quiera temer

Porque yo, yo no quiero tu frío
No quiero tu gélido ser.
Vete a otra sombra a vivir oculta
robando lo que tú no puedes tener

Pasa el tiempo
pasan las horas
pasan las sombras por el piso

Te espero en mi descanso,
en un pequeño espacio de mi día.
Pienso qué haré contigo,
si tomarnos un café al son de tu historia
O pasearnos por pasillos llenos de destino.

Te espero,
sin pensar demasiado,
sin sentir suficiente.
sin querer superarlo…