Crónicas (II)

No sé realmente como empezar a desahogarme. Normalmente uno siempre dice el nombre, algo relevante y lapida con el “esto es lo que siento”. Sin embargo, hoy tú y yo no nos conocemos, probablemente jamás lo hagamos.

He borrado ya tantas veces esta primera línea. No sé en qué momento empecé a sentirme tan vulnerable, luego de tantos años de sublimar esta depresión a través de tantas cosas. Apenas son las 11:42 de la mañana, de un domingo cualquiera, sentado frente a mi computadora. He decidido encerrarme en la oficina, no tengo a donde ir donde pudiese sentirme mejor. Podría salir a caminar y perderme por la ciudad, entre tantos edificios altos, sé que eso es posible, pero no tengo energías para lidiar con la felicidad ajena.

He perdido el camino desde hace años y, tal vez por un designio del destino, siempre he estado mezclado a la lectura. He escrito antes, pero me leo ahora y me siento un idiota, tan joven e inocente, como esperando un cambio enorme que, a estas alturas, aún no llega. Ya 20 años de un primer poema maltrecho, barato y derruido, cuyo papel ya se perdió en el tiempo. Pero eso no es importante.

El aire está enrarecido, pesado, me obliga a respirar forzadamente. ¿Se han preguntado qué sucede cuando un hombre no camina más? ¿Cuándo pierde la motivación? Rara vez uno ve a un hombre caer de rodillas ante el destino. Los he visto levantarse, sacudirse las penas y seguir. No entiendo por qué lo hacen, sobre todo con una sonrisa en los labios. No sé de dónde sacan la fuerza. Yo lo he intentado, pero de nuevo esto no es relevante

No me gusta hablar de mí, lo siento, no le veo la gracia a quejarme todo el tiempo, como esperando que alguien me resuelva los problemas. Me siento exhausto incluso, luego de que dejo ir mis quejas sobre otros. Algunos dicen que se aligeran las cargas, pero creo que se pierde el espíritu. Estar bajo presión me mantiene vivo, alerta. Sin embargo, y siendo la razón por la que decido escribir hoy, ¿Qué puedo hacer cuando ya no tengo fuerzas? No puedo confiar siquiera en quien es más cercano a mí. Mis padres, a mis 18 años, demostraron estar tan ausentes que tuve que desligarme emocionalmente de ellos. Para el resto de mi familia solo soy un fracasado, un hereje, un maldito y un proscrito, en ese orden. No ha habido jamás una palabra de aliento de ellos, y a estas alturas no sé si les creería

Con los años aprendí que la verdadera familia es la que uno busca, la que uno forma. Confié muchos años en varias personas, que fueron los que me apoyaron en algunos momentos difíciles. Ellos también fallaron por muchas cosas. Algunos no aguantaron la presión de la vida, otros se fueron a otras tierras, un grupo sigue acá y, sinceramente, son los que perdí porque no soporto la lástima. Soy orgulloso, siempre he sido independiente, no me gusta descubrirme débil frente a otros y eso ya lo he dicho antes. Uno a uno, fui quedándome sin esta segunda familia, tristemente no hay razones para cargarme en ellos.

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Crónicas (I)

Aunque siempre hay algo del alma en lo que uno escribe, muchas veces uno se cohíbe de decir a quien siente lo que pasa por la cabeza. Porque es más sencillo escribirle a un desconocido y contarle las penas, que enfrentar a quien te hiere con o sin intención. Es más fácil dejar que las heridas dejen de sangrar, antes que ir a curarlas correctamente. Uno ve el tiempo pasar y, con el tiempo vencido, se endurece la piel, se endurecen los cortes, cicatriza el espíritu. No son días que uno pasa en ese ostracismo. Son años que uno recuerda en retrospectiva y dice “wow, que tonto fui”.

No es que uno madure y la perspectiva cambie radicalmente, es que lo de antes duele un poco menos. No es que uno se vuelva de hierro, es que poco a poco uno deja de importarse a sí mismo. De pronto te encuentras trabajando sin pensar, comiendo con desgano o dejando de comer. Te importan menos los amigos, la familia, tu pareja, tú mismo. Te ves a un espejo y consigues esas pequeñas marcas que te dicen que ya no eres tan joven; un corazón que duele, unas canas que brillan, las arrugas del tiempo en la piel cansada. Sin embargo, lo que más se nota en el espejo, en ese rostro que se extraña de no sonreír, es que el brillo de los ojos ya no está. A veces pienso que es algo de la postura, que tal vez las luces no golpean directamente la córnea. Hay algo de esa vitalidad que daba tu mirada que ya no está, simplemente ya no está.

Te lavas la cara, intentas recuperar la fantasía por un instante. “Te ves mal amigo”, es lo único que escucho de mí para mí. No tengo a nadie para llamar, hoy la soledad es mi única compañera. ¿Y qué sucede ahora? la depresión te la tienes vedada, solo que hoy es lo único que tengo. Son 28 años, de los cuales llevas la mitad en el mismo vacío. Sin apetito, sin querer hablar, sin decidir lo que debes decidir.

Hoy lo único que me queda es escribir, porque no puedo hablar con nadie, porque solo quería hablar con dos personas y ninguna de las dos está. Tal vez tú quieras leerme, tal vez no. Disculpa si te molesto con mis escritos tristes, no sé mucho de escribir sobre cosas felices…

Hola

Hola, ¿cómo estás? espero estés muy bien. Tenía días contigo en mi cabeza, con tu nombre en mis labios. Te tenía presente en mis descansos, de vez en cuando te colabas en mis sueños.

Lo siento si no hemos hablado más. Sé que lo intentaste, aunque sea por un pequeño instante. Lo siento, ha pasado el día, pasó el mes, y de seguro la vida, hoy no veo que podamos volver. Sé que no es lo que buscas, aunque algo de mí hubiese querido que sí. Es tonto esperar que, de pronto, todo se devuelva en el tiempo.

¿Cómo sigues de tus problemas?¿Cómo va la adultez? Nos dejamos hace meses, entre errores y silencios, más desnudos que despiertos, se siente que pasó mucho más. Aún recuerdo lo que me dijiste, que te ibas tal vez más adelante. He querido hablar de eso, justo hoy no tengo con quien.

Me hizo falta tu mano el otro día, me hizo falta tu sonrisa cómplice, ese “suspiro” que dejabas escapar. Extrañé el “hola ¿cómo estás?” de siempre, el recuento de tu día rutinario, el interés de leer mis experiencia. ¿No te pasa a ti también? que me extrañas cuando no hay nadie, que de noche me piensas un instante, que te duermes y me dices “buenas noches”.

¿No te pasa? Que de pronto sonríes recordándome, ¿que alguien te pregunta en que piensas y solo piensas en esa felicidad? ¿No te pasa? que hoy, sentado a la hora del almuerzo, el bocado ya no sabe igual. Que quisiera verte comer para mí, que se pierde el apetito por momentos.

Lo siento, sé que no debo añorarte, que tuvimos malos momentos, que no éramos compatibles en algunas cosas. Pero es que uno idealiza el pasado, y mi memoria te borra los defectos. Ya solo veo tus ojos, tu cabello, tu caminar hacia mí, como dormías en mis brazos. Solo extraño lo que puedo recordar de ti
Espero estés bien, sé que no me escribirás de vuelta. Te quiero, eso espero aun lo sepas, y pasa que ya no sé si me lo crees…

Extracto de un día al año

Hay días en los que cuesta levantarse, en los que la energía se va al piso y sigues en la cama sin tener ningún destino. Te concentras en qué es lo que tienes que hacer, pero no se te ocurre nada. Sin embargo te levantas, te das una ducha y te vistes. Un “Hola mi amor” te seduce desde la pantalla del celular. Sonríes y te das cuenta que a veces esas 3 palabras son tu única motivación para seguir. Recoges el bolso, organizas todo y miras una vez mas donde estabas durmiendo; los años siempre hacen de esto una rutina.

Sales a la calle, hoy es un día normal. El mercado cercano en un Domingo cualquiera se vuelve un festival de desconocidos. Algunas ventas, algunas cosas, nada ostentoso. Caminas entre ellos y te distraes en los pequeños carteles. Te sientes viejo, algo cansado, tal vez no comiste bien, es una falta de energía que se escapa a modo de lamento. “Voy en camino, tuve que buscar algo”, una frase que dejas ir y que al otro lado del teléfono alguien sabe interpretar; “Te notas desanimado”. Lo estoy, hoy lo estoy y podría tener mil motivos, pero no dejo que permeen lo que debo ser.

Te montas en un autobus, directo a donde vive tu novia. Ella sabe que la comida te hace feliz, que su comida te hace feliz. Vas todo el camino viendo a las personas ir a pie por la vida. Tu mente divaga en tantas cosas; en tu última aventura, en tu paso por la locura, en todo lo que hoy ya tiene tinte de experiencia. Llegas allá y el tiempo voló, solo bajas una vez y te encuentras a 20 minutos de su casa. Decides caminar, caminar te ayuda a despejar la mente.

Los pasos se hacen un poco lentos, respirar hondo en estos momentos siempre hacen que el corazón se dilate. El tiempo en el que todo se va de tu cabeza. No es sino llegando a tu destino que vuelves en sí. Revisas tu celular para llamarla y que abra la puerta. Junto a ese deseo dos mensajes, dos recien conocidas que te dan un “Feliz día”. Sonríes por segunda vez. Subes y el primer acto efusivo se arranca de los brazos de ella, te sientes en casa. Su familia es tu familia, tu día es su motivo de celebración. Los detalles te embargan y sientes que valió la pena levantarse. No hay palabras para describir el “volver a la vida” de sentirse importante para alguien.

Sin embargo pones en perspectiva todo, solo quien no te conoce se acuerda de ti. Una tristeza melancólica embarga el alma cuando ves que nadie de tu pasado te dice algo. Tu hermana lo recuerda tarde, tu padre te felicita con ánimos aunque no puede estar contigo ese día. Te haces la idea de que hay que reconsiderar la valía. Alguien mas te escribe a las 3, un gesto que agradezco y que a este punto solo reafirma lo sentido. El tiempo te hace insensible a estas cosas y das por acabada la tarde cuando el teléfono vibra.

Una llamada al otro lado del mundo, en horas de una medianoche en ultramar. “Dios te bendiga”. Con la distancia y el tiempo aún lo ha recordado y el corazón se me quiebra, la voz soporta un poco mas. Los años borran la memoria y el corazón la desentierra de las arenas del olvido. “Te quiero mucho, espero estés bien” y no hay milla que pueda suprimir el cariño genuino.

Cuelgo y necesito escribirte, darte las gracias por llamarme. Porque no hay mejor regalo que escucharte lejos y a la vez tan cerca. Te adoro, de verdad te adoro aunque no sepa demostrarlo. No tengo palabras para esto, gracias…