03/04


Dedos cavilantes sobre el teclado,

la mirada perdida sobre teclas uniformes

El escritor ahí, sintiendo todo

sintiéndolo tan lento en dolorosa procesión

 

Sus manos parecen arrasadas por los años,

los surcos en su piel tan profundos y añejados.

No tiene color más que un muerto tono cenizo,

un tono cenizo que le sabe a hiel.

No se siente feliz, no se siente joven,

no se siente ganador ni mucho menos competencia.

Se encontró con su pasado y este en su furia

Le arrebata lo poco que le queda de futuro.

 

No deja de pensar en cómo ha fallado

y no culpa a nadie más que a sí mismo en su silencio.

Tan vacío es ese efímero sentido de existencia

que hace meses que dejó de importarse.

Sin embargo, en su tortura, está más lúcido,

Pareciera encontrar, muy muy tarde,

ese significado esquivo de la felicidad

Si la abraza o no, ya él no decide eso.

 

El frío le congela los huesos,

el frío le esquiva los reclamos.

Nadie sabe más de silencio y soledad

que el que ha cavado su tumba estando vivo.

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