Fue de mí, que descubrí las caminatas largas,
los paseos lentos por madrid.
El café tibio al final de la tarde,
tus labios recitando para mí

que el tiempo paso adelante
y los recuerdos llenaron la alfombra
Y tus letras, en dulce reposo.
Se enredaron en tus cabellos.
Y los pasos hacia la puerta
buscaban con esperanza tu presencia;
si es que acaso nos queda tu recuerdo,
si es que acaso me acostumbré a tu ausencia

Fue de mí, fue de mí,
lo que no fue de nosotros,
que seguí vivo y toreando evocos
Que seguí vivo y extrañando rostros.
Fue de mí, que no hubo mas viaje,
ni mas destellos nocturnos,
ni mas fuego en las entrañas,
ni mas “te amo” de nuevo.

Fue, porque luego no pudo ser,
lo que los dos quisimos.
Todas las palabras gastadas
en una última despedida…

A la Magdalena de Campos Eliseos

Tantos años sin preguntarme
¿Porquè no sigues conmigo?
Tantos años, tanto tiempo
Tanto recuerdo oculto en el pasado.

Tanto camino recorrido
para voltear y verte en el horizonte
Y no te añoro, no te añoro,
aunque te sigo extrañando cada día;
a esa capacidad para sorprenderme,
a esa necesidad de conversar
y quitarnos el frío del hastío.
Arrancarnos del destino los fracasos.

¿Como es que no hablamos ya?
Sin pensar siquiera en poder llamarte
y ofrecerte un café en mis días,
sin ofrecerte un distante presente,
un tibio abrazo y un “hola, ¿como estàs?”
.Y el tiempo, del que tanto recuerdo,
Para hallarme sabiendome muerto,
queriendo revivir esos ùltimos dias
en los que tú y yo éramos uno.

No puedo sino tenerle rencor y odio
a ese tipo del que tanto me jacté.
Y recordarme idiota e inmaduro,
imbecil, renegado e inexperto.
Ahora, que el tiempo está sobre mí,
sé que ese era un niño descuidado
Y comprendo claramente por qué,
por qué perdonarme no era opción

Sin embargo no tengo nada que pelearte,
ni nada que discutirte.
Yo no era como hoy que te extraño,
y que, a veces, quiero llamarte
solo para saber como te trata la vida.
Sé que de pecador tengo todo
de perdonable nada,
de verdugo ni la clemencia.

Lo siento… lo siento por todos estos años
En los que pude intentar conocerte
Y tal vez reconocerme en tus ojos,
pero el tiempo, ese del que tanto hablo,
jamás me dejó comprender lo valioso que era.
Con las respuesta y el orgullo por doquier
Te amé, te amé y ya no
Pero como arde no volverte a ver…

03/04

Dedos cavilantes sobre el teclado,

la mirada perdida sobre teclas uniformes

El escritor ahí, sintiendo todo

sintiéndolo tan lento en dolorosa procesión

 

Sus manos parecen arrasadas por los años,

los surcos en su piel tan profundos y añejados.

No tiene color más que un muerto tono cenizo,

un tono cenizo que le sabe a hiel.

No se siente feliz, no se siente joven,

no se siente ganador ni mucho menos competencia.

Se encontró con su pasado y este en su furia

Le arrebata lo poco que le queda de futuro.

 

No deja de pensar en cómo ha fallado

y no culpa a nadie más que a sí mismo en su silencio.

Tan vacío es ese efímero sentido de existencia

que hace meses que dejó de importarse.

Sin embargo, en su tortura, está más lúcido,

Pareciera encontrar, muy muy tarde,

ese significado esquivo de la felicidad

Si la abraza o no, ya él no decide eso.

 

El frío le congela los huesos,

el frío le esquiva los reclamos.

Nadie sabe más de silencio y soledad

que el que ha cavado su tumba estando vivo.

A él

Estás ahí,
despertando de un ensueño,
descubriendo que por inercia
has caminado un poco mas.
Ahí, con una acción mundana
que repites por alguna razón,
que te sirve para mezclarte
y no sentirte tan inutil.

Despiertas de una costumbre
que ya ni intentas racionalizar.
Abres los ojos un poco mas,
para confirmar que estás.
Y estás en ti,
y debes estar tambien para los demas,
y te ahoga una sensación
Una sensación de infinita soledad.

– Que haces? dejalo así –
escuchas cerca de ti,
y por instinto mas que otra cosa
sigues la voz hasta su fuente.
Sí, si eras tú al que hablaban.
Eras quien no sirvió para mas.
Quien de su en sueño despierta
para notar que no sirve para esto.

Y esa extraña sensación de soledad
te embarga y se asienta en ti.
Recorre tu vida en un decaimiento.
Eres tú que ya no perteneces.
La depresión se te hace presente,
pierdes el apetito voraz.
Solo quieres escribir
Solo quieres escapar.

En ese instante vuelves a no estar
y, por inercia, te vas;
te vas a ocultarte entre letras
te vas a ocultar en tu infinita soledad…