21:06

Despierto, la noche ha caído. La ventana del cuarto me lo hace saber y el frío que entra me recuerda tu piel.

Me visto, te miro en el escritorio, en la marca de tus labios sobre el espejo, en las sábanas revueltas que ya no te abrazan. Te puedo sentir aún en la habitación y sé que es tarde para mí. Esta noche saldré de acá, saldré sin ti, saldré de mí y me encontraré con aquella libertad que a veces me asfixia.

Las calles son frías en esta época del año. No va a nevar jamás en Caracas, pero se siente como si pudiera pasar en cualquier momento. Quiero un café, o un trago, o la simple compañía de un ser indistinto que me hable de sí mismo. Aún los bares están abiertos, apenas empieza la faena. Puedes escuchar la música atenuada tras la puerta, las voces y la algarabía. ¿Recuerdas como era antes de nosotros?, no existía esta necesidad de sentirme vivo, no había conciencia de lo muerto que estaba. Pude existir tantos años sin ti y ahora es la ausencia lo que no me lo permite.

Buscaré la muerte en un vaso de vidrio lleno de tu veneno; me colaré entre los mortales para tomar del licor más barato, ese que sepa a tus palabras. Será amargo y ardiente, amor y odio en un trago maldito. Que el cantinero pondrá la botella sobre la mesa y yo mismo rellenaré cuando se vacíe.

No, no puedo escapar de ti así, solo me hará recordar cómo te sentía. La sobriedad es la única correa que logra sostener a las bestias del alma. Me remuerde la conciencia, pero al menos no se escapa a través de la piel. Será seguir hasta aquel café, lejos de nuestros encuentros, en donde podré descansar en paz. Puedo verlo venir a mí, puedo desaparecer por unas horas de acá. Allá nadie me conoce y, aunque me hayan visto antes, no me han dirigido jamás palabra alguna.

Pero hoy tampoco es una solución, hoy simplemente no hay solución. La única respuesta es seguir caminando, dar vuelta en la siguiente esquina y volver a casa. Por más triste que suene, me queda la tranquilidad en la certeza de que adoraba caminar contigo. Me agradaba perderme entre las calles de esta ciudad maldita. No importaba donde llegaríamos ni cómo. Lo único que me hacía feliz era saber que podía detenerme en cualquier parte del camino y ahí estarías tú para hablar conmigo.

Lo triste de esto es saber que ya no suenan nuestras noches…

Anuncios

30 Días

Día 1. Quiero escribir sobre lo que siento, estoy esforzándome, pero creo que solo está aplicando lo de “forzandome”.

Se siente mal, se siente muy mal. Se siente como se ha sentido antes, como si me hubiese rendido sin pelear. No le encuentro el gusto a la calma ni a la tranquilidad, es como la paz sepulcral de los cementerios. Sé que durante los próximos días no tendré con quien hablar, que no será lo mismo. Que me preguntarán por ti varias veces, hasta que se den cuenta de lo que está pasando. No sé tampoco como podría explicárselos, me cuesta poner en palabras lo que hemos decidido hacer. ¿Que diferencia tiene para mí este espacio? Que no tendré la certeza de donde estás, pero tendré bastante claro que no estarás conmigo.

Espero que sea como esas rehabilitaciones, en donde te desintoxicas de la tristeza, en donde te sacan por completo ese trozo de ella sin dejar marca. Sé que, en mi experiencia, todo corte termina en cicatriz, pero al menos esta vez soy yo quien maneja el escalpelo…

_______
Día 2. La noche fue fría, intranquila, solitaria. No desearte buenas noches, mi única costumbre, se me hizo triste.

En una hora de conciencia ya he pensado en escribirte, La excusa podría ser cualquiera; desearte buenos días, preguntarte si descansaste, saber cómo te sientes. Sin embargo me pregunto ¿Por qué no has escrito tú? Tal vez sí funciona la distancia y soy yo el único que añora el contacto. Quizá soy yo quien sufre de abstinencia al no poder ser parte de tu rutina. Y yo acá, tratando de abstraerme en el trabajo, dándome cuenta de que voy tarde a la primera reunión del día y sin poder desahogarme contigo. Que debo concentrarme en este instante, que no puedo dejarme caer.

Sin poder escapar a través del alcohol, tener que estar sobrio y desesperado porque vuelva a caer la tarde. Que se acabe el tiempo de responsabilidad y poder deslastrarme de la sonrisa forzada, sin saber que me espera antes de dormir hoy. La primera noche siempre es difícil, pero al menos no estaba consciente.

Llego a casa y veo el teléfono. Tu número brilla en la pantalla, “hola, ¿Cómo sigues?”. Se me seca la boca, quiero contarte todo mi día, llenarte de mis historias, aburrirte con mi simplicidad. Quiero decirte que estuve a punto de romperme por no saber si estabas bien, si habías comido, si estabas en casa. Quiero preguntarte por el trabajo, por la familia, por lo que sea, aunque solo sean 24 horas sin ti. Quiero explicarte cómo mi cabeza ha repetido en el ordenador las mismas canciones que me suenan a ti.

“Ahí, mejor”, y se esfuma toda la historia que podía comenzar; historia que no puede pasar. A mi pesar, se que leerte es lo que el cigarrillo para un adicto, un sorbo del veneno del que quiero limpiarme. No es que no quiera tenerte, es que no quiero matarte, ni verte morir por sofocarte junto a mí. He tenido horas pensando, horas que parecían días. Tuve que lidiar con el silencio. Entendí que hay algo justo ahora que no se solucionará conversando. Yo te extraño y no sé si tú sientes lo mismo.

“Ahí, mejor. ¿Y tú?” Es lo más que debo darte hoy de mí…

_______
Día 3. Hoy apenas desayuné, muy tarde, después de mediodia. El apetito lo perdí casi por completo. La comida no sabe a nada, es insípida, simple, básica, tal vez cocino pésimo para mí. Soy conciente de que debo comer, pero los bocados se hacen eternos, prefiero mi mente fundida en trabajo. Al final me ayuda a llegar a la tarde.
Ahora, al llegar, la casa se siente fría, el silencio se vuelve ruido. Leerte no me llena, tampoco quiero escucharte. En tu ausencia me siento infeliz, pero no quiero sentirte cerca. Soy solo un montón de contradicciones que lidian con la soledad.

_______
Dia 4. Hoy la noche y la soledad me recuerdan que se me acaba el tiempo. He recuperado poco a poco el apetito mas no el placer de comer. Tal vez es que vuelvo a comer solo, como hace tanto tiempo no lo hacía. El café anima por minutos mi día, pero de nada sirve si no es contigo al final de la jornada. Es asombroso, para mí, como te colaste en cada una de mis rutinas. Desde el “Buenos días, ¿como dormiste?” hasta el “¿te veo al salir?”; todo con la simplicidad de lo espontáneo, con el gusto de lo ansiado.

Sin embargo, terminan mis obligaciones y no me voy de la oficina, porque puedo mantenerme oculto, porque puedo abstraerme del entorno. Este es el escondite de una vida que se llena de errores, entre los que ahora incluyo perderte. Cada día me convenzo mas que no habrá otro beso de tus labios, ni otro “te amo” que te tenga de emisario y a mí de receptor. Soy infeliz porque no soy mas que tu agonía y, en un arranque de amor verdadero, debo soltarte y esperar que no te alejes. He vuelto a escribir, he vuelto a tocar, y eso solo significa que necesito desahogar lo que no me atrevo a conversar.

No sé si estoy bien, ni sé si estoy mal. Solo sé que quiero arrancarme la piel de los huesos y emborracharme aunque no beba. Hoy esperaba ser solo sudor, piel y silencio; y me he vuelto calma, insomnio y pensamientos

_______
Día 5. El insomnio me atrapa, en su infinita incertidumbre me atrapa, aún consumiendo me la energía me atrapa.

Sin mucho más por qué estar despierto, presa de la falta de sueño, no consigo descanso de los pensamientos. Ni los cuerpos más libertinos, ni los momentos más humanamente placenteros me sacan de mis cavilaciones. Es dificil explicarle al deseo de turno que tiene tu cuerpo pero no tu mente. Uno se vuelve un mentiroso, y se desliga del placer para hundirse en las preguntas.

No, ya no te pienso como antes, ahora te pienso en formas de añoranza, de espera a ver el desenlace …

_______
Día 6. “Buenas noches. Sueña bonito”. No me acostumbro al silencio del celular a estas horas de la noche.

Ayer recordaba todas las veces que nos deseábamos buenas noches, los momentos en los que nos mandamos un beso, cómo se nos hacía fácil amarnos en la distancia. Añoro un poco de ese cariño que impregnaba cada noche, en la que te leía dos o tres veces antes de dormir. Era afortunado, lo era y lo sabía, y esperaba que me durará mucho más. Pero la vida da algunas vueltas, dejando que el calor humano se pierda, poniendo a prueba lo mucho que queremos al otro

La vida, aún si fuera el rey, de nada vale sin la reina

_______
Día 7. No sé dónde estás. Me siento intranquilo, ansioso, deprimido, incompleto. Quisiera escribir bonito y solo siento que me quiebro por dentro; debe ser la etapa de abstinencia.

Te escribi un mensaje, invitandote un café. Quisiera explicarte lo mucho que me hace falta verte sonreír con mis chistes tontos, que te molestes conmigo, que me digas insoportable. No tengo apetito, lo único que quiero probar justo ahora es tu comida, enfermarme y que me cuides, deprimirme y que me abraces. Me duele, justo en el pecho, tener tiempo libre y no estar contigo.

Miro el teléfono, no estás. Llame a tu casa, tu hermana me dijo que seguro habrías salido con tu padre. Cómo un adicto sin dinero, no pude alcanzarte ni tener un poco de ti. Estoy consciente de que ya hoy nuestro café no se dará. No se dará y lo necesito, como necesito escuchar tu voz un poco más, escuchar tu voz incluso antes de dormir. Me estoy desesperando y no puedo esconderme en más trabajo.

Solo me queda estar acá, hasta que el cansancio Venza lo demás.

_______
Día 8. Tu madre aún me ofrece comida, tu familia aún me acepta entre ellos. Estar ahí, contigo, era la tortura de quién no quiere cambiar.

“¿Tienes algo que decirme?” Me habías preguntado ayer cuando te invité al café. Esperaba con ansias que volvieras a preguntar, había imaginado todo. Me sentaría cerca de ti a conversar, te preguntaría si has pensado en nosotros, qué has decidido. Te miraría a los ojos, tomaría tu mano y te diría lo mucho que me hacía falta sentir tu tacto. Te habría pedido salir a caminar, sentir que compartíamos el mismo camino una vez más.

Sin embargo ahí estabas, tranquila, algo incómoda. Hablamos de tus ánimos, de tu trabajo, lo más trivial del mundo. Recibiste mensajes de texto, respondías. Me pregunté todo el tiempo si ya era momento de tomarte la mano, me sentía como un niño y su amor de la infancia. Me invitaste al cumpleaños de tu madre, ahí quería preguntarte si estabas bien con eso; simplemente no pude.

Ya despidiendome, te pedí tu mano, la tomé entre las mías y quería decirte todo, preguntarte cada incógnita de mi cabeza, desbordar mi incertidumbre en ti, solo se dió un “¿te veo en una semana?”. “Maybe” dijiste; y las manos se soltaron, deseando sentirse una vez más. Que desagradable sensación, de ya no ser los mismos, de competir con un extraño y llevar las de perder.

Ahora, estando acá, sigo preguntándome si has pensado en nosotros esta semana. Pero algo en mi corazón dice que no quiero saberlo

_______
Día 9. Hablar contigo ayer me sirvió. Sirvió para darme cuenta de todo el estrés que me produce no verte, para entender que tú eres la razón de mi calma, que incluso en el peor momento solo quiero tomarte la mano.

Me sirvió para descubrirme algo indefenso ante el futuro, ante nuestra relación, ante mi viejo ser. Terminó por mostrarme lo vulnerable que soy cuando necesito ser sincero.

Hoy, después de todo eso, he estado tranquilo, de nuevo ahogandome en trabajo para no pensar. Se que no durará para siempre, pero al menos me da una semana más

_______
Día 10. No tengo mucho que decirte hoy. Me siento mal físicamente, la lluvia solo me hace pensar en ti.

Anoche soñé cosas raras. Me desperté y no tenía a quien contárselas. Soñé con una mujer que decidía quedarse por mi luego de haberla desnudado por intentar robarme en mi propia casa. Recuerdo su mirada de miedo, su “no me haga nada”. Recuerdo haberle dicho que se quedara conmigo. Dubitativa y pensando en lo que dirían quienes la acompañaban, fue, se vistió en el auto y volvió a mí con una sonrisa. Yo solo quería poseerla, ella me miró, con sus ojos de avellana, y cuando fui a buscarle abrigo desperté. No pude volver a dormir.

No sé qué signifique ese sueño, ero espero hoy vuelva a mi para preguntarle por qué decidió quedarse y que luego te lo explique a ti.

_______
Día 12. Hoy te escribí un pequeño fragmento, un poema, te lo mostraré luego. Creo que dormiré, sigo con malestares fisicos

_______
Día 14. Dejé de escribirte otra vez. Esta vez fue consciente.

Mientras más pasa el tiempo menos siento que debo escribirte. Pensé que faltaba a mis ideas, pero creo ahora que entiendo lo que me sucede. Se que igual te fastidias de leerme, que como lo hago no es lo tuyo. Para ti siempre sueno igual, y lo comprendo.

Ayer también se pudo ver que las cosas ya empezaron a cambiar para todos. Ayer tu madre me invitó a su casa, hoy se fueron uds a la playa. Hay una diferenciacion entre las ideas de familia, entiendo que la mía es un poco más subjetiva. No me siento mal, comprendo las razones que hubo para no ir yo, es solo que ya me ha pasado antes. No es agradable sentir que todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros.

Hoy no importa mucho si me siento bien o mal. Hoy, si escribí, es porque me propuse dejar escrito lo que sentía sin perderlo en el camino. No necesito de palmadas en la espalda ni de apoyos por jornada. Siempre he Sido independiente, he evitado los afectos.

Espero hayas disfrutado hoy, yo iré a dormir un poco más.

_______
Día 15. Vuelvo yo a decir los buenos días y a despedirme en las noches. Soy yo quien invita a un café. Soy yo quien quiere arreglar las cosas.

Hago eso y me doy cuenta que soy yo el que quiere recuperar esta relación unidireccional. Hoy me siento un tonto por sentir que era el problema, cuando de lo único que parezco ser responsable es de seguir esperando que te interesaras por las cosas. Creo que ya no pasará

_______
Día 16. Es triste cuando notas que solo tu dices “buen día”. Más triste aún cuando te cansas de hacerlo…

_______
Día 17. Hoy también me dejo mi sumisa; porque soy muy bueno para ella pero no lo suficiente. Parte de esta locura a la que llamo destino.

Cómo que me toca no estar con nadie, que las más cercanas deciden alejarse.

_______
Dia 18. No quiero dormir, tengo miedo a los pocos días que faltan, a despertar y descubrir que decidiste no estar ahí.

Las distracciones ya no tienen fuerza, los placeres se sienten vacíos. ¿Acaso ya me di por vencido? Verte feliz es lo único que quiero. Sé que, cuando ya no seas parte de mí, otro más afortunado te tendrá para si; y yo tendré que aceptar que no siempre estarás para mí. Es esa parte del duelo en donde empiezas a asimilar la pérdida.

Sé que son solo elucubraciones mías, pero sin duda, hacerte infeliz nunca ha estado entre mis planes…

_______
Dia 20. Ayer me quedé dormido, mi cuerpo decidió no dar mas de si. Hoy estoy con algo mas de energía, aunque ya es tarde para ponerme a hacer algo mas.

Hoy solo escribí. Esperé a alguien por una hora. Necesitaba fumarme un cigarrillo con un conocido y hablar del cosmos, pero nunca llegó. Me molestó, pero mas que molestia es decepción. A veces sientes que lo haces bien y de pronto alguien te deja en claro que no fue suficiente. Ya no es un tren perdido, no es una hora desechada. Es descubrir que en dos meses alguien se enamora de ti y sin mas, por temerle a la felicidad, decide que no pondrá ni un minuto mas de su vida en la relación humana.

No, estoy cansado, no sé cómo explicar todo lo hastiado que estoy de la vida. Sin embargo, por alguna razón que no comprendo, no me decido a morir. ¿Acaso soy así de terco? Yo no creo en el destino, pero pareciera que alguien decidió hacerme zancadillas sin razón alguna

_______
Dia 21. La soledad es la peor enemiga de mi cordura.

Hoy no es un buen día. Hoy ni siquiera vale la pena registrarlo en la vida. Hoy me siento tan solo, tan solo como antes de conocerte, conozco muy bien la sensación.

Hoy no es un buen momento para existir, no con esta sensación de vacío, con esta costumbre de evitar conversar conmigo mismo. Siento que estoy enloqueciendo y que no hay forma sencilla de explicar como me está afectando todo esto. Hoy, despues de tantos años, he deseado volver a morir; y lo triste de todo eso es que siento como si estuviese pasando ya.

Hoy no quiero ser. Ni mañana tampoco. Ni pasadomañana. Solo quiero dormir para siempre

_______
Día 22.

Los días se funden y yo ya no estoy en el pleno uso de mis facultades. Quiero verte mañana y adelantar los 8 días que faltan para cumplir el mes. Yo siento que ya te perdí, que es mejor decirlo de una vez. Ya estoy preparado para que me digas que todo terminó. Quisiera ser más optimista, pero ya los ánimos no me dan para tanto.

Al menos estaré en la cocina, ese lugar en donde me puedo sentir tranquilo. Espero tú decidas acompañarme sin tener que pedirtelo, ya bastante me está costando lidiar con el hecho de que me siento muy cerca del adiós contigo.

_______
Día 23. Quieres terminar y no puedo sino darte la razón.

Soy hoy no más que un triste hombre, lleno de una triste historia, que duró poco más de 4 años. Soy hoy el resultado de los errores cometidos en el pasado. No aprendí mucho sino muy tarde. No aprendí sino lo esencial.

No sé qué decir con lo que siento, no sé si lo que siento puede describirse con palabras de un hombre vivo. Me falta el aire y no quiero respirar. Me pesa el cuerpo y no puedo enderezarme. Hay de mis ánimos todo un cadáver en el piso.

No quiero ser en este momento.

_______
Día 24. He perdido. No hay felices para siempre, no hay pensar en el futuro, no hay envejecer juntos.

No hay “buen día” al despertar. No hay “te amo” fortuito. No hay motivo para andar caminando. No hay compañía, ni café para la vida, ni esperarte todo el día. No hay ganas de lidiar con la tristeza.

No hay insomnio maldito, no hay energia. No hay nada que me haga despertar. No hay sonrisas ni besos, ni abrazos en mi depresión. No hay nada que me saque de esta sensacion. No hay nosotros aunque quiera yo mentirme. No hay razones para tu estar conmigo, No las hay para reponerme, no las hay para volver a ser el mismo.

No hay más que un duelo interno, saber que no pude ganarle a este infierno. Intenté como pude acomodar la vida a pedazos, y me he quedado sin la voz de mi ocaso. No lo entiende nadie, no es lo mismo. No tengo la única esperanza en lo abismo.

Aunque no fuera perfecto, no quiero soltarme de ella. Para mí era casi perfecta. Pero ¿Porque hacerla infeliz? No hay victoria si ella está perdida. Me duele porque no la tengo, y dolían los días de la incertidumbre, ahora duele su ausencia.

No vale la pena seguir sin motivos. No vale la pena ahogarse en sufrimiento. Me hace falta aún sin dejarme, y ahora tengo que arrancarme de ella.

_______
Día 25. Hoy quería empezar por pedir disculpas.

Siento que la relación no haya funcionado, que no fuera suficiente todo lo que teníamos. Lo siento por ti que gastaste algunos años intentando amarme. Lo siento porque no fui lo que esperabas.

Lo siento también por todo el tiempo perdido esperándome, no fui ni la mitad de lo que te merecías. Me disculpo por hacer de este último año una agonía. Me disculpo por hacerte infeliz, jamás fue mi intención, tu eras lo único que valía la pena tener. Esforzarme no dió los frutos que esperaba. Conseguí la estabilidad a costa de tu presencia.

Lo siento, de verdad lo siento, sobretodo porque dejarte ir es difícil, aún más cuando no quiero.

No siento bien poder disfrutar de mis logros en la soledad. Se siente terrible estar bien y no poder compartirlo con el ser amado. Me siento impotente al ver que puedo tener lo que quiera pero no a quien quiero; y sé que acepte el final, pero eso no significa que me haga feliz. Esta sensación de soledad no se quita con los dias

_______
Día 26.

No me queda mucho que decirte. He pensado en darte las gracias por todo el tiempo que gastaste conmigo, lo mucho que me cuidaste y las veces que me apoyaste. Te lo dije muchas veces y lo repito aca; gracias por valorarse como nadie.

Esta despedida parece tonta, pero solo me hago la idea para cuando seas feliz con alguien más y ni siquiera me trates. Ya no me escribes y eso pasó muy rápido. Ahora solo queda que me dejes atrás.

Me hubiese gustado volver atrás y besarte más veces. Creo que es lo único de lo que puedo arrepentirme ahora.

_______
Día 27. Hoy te extrañé en mi café del viernes, en mi fin de jornada, en el comienzo de mi descanso.

Te extrañé y vi que el dinero sin ti es triste, que un latte no sabe a nada, que no hay conversación que extrañe mas que escuchar el recuento de tu día. Creo que jamás te negué eso, pero es triste comprender que aún si me lo contaras ya no tendría el mismo impacto.

Sé que no debo ponerme melancólico, pero es que extraño pensarte en mi vida y mi futuro, no solo como un amigo, sino como mi otra mitad…

_______
Día 28. Beber no me permite olvidarte.

La noche pasa conversando con Deborah. Ella siente lo mismo con su última relación. Le duele que rompieran, se ahoga con cosas que decir, siente que la vida no le ha permitido maldecirlo suficiente.

Yo no sé qué decirte que no haya dicho ya. Sé que no volveremos, que hoy eres más feliz que conmigo. Sé también que no tengo excusa para seguir reteniendote en mi infelicidad. No quiero ser tu lastre.

El alcohol solo hace más difícil pensarte. Quiero escribirte y se que no debo. No tengo el temple suficiente para resistir tu voz en mi ebriedad.

_______
Día 29.

Los días pasan iguales cada vez que nos vemos. Conversamos, nos preguntamos cómo nos va en la vida, chequeamos que el otro esté bien. Hoy me diste un abrazo dulce al llegar, no supe como responder. Luego seguiste, tal vez me sentiste frío, no era mi intención.

Tu mamá sigue siendo una dulzura conmigo, supongo que aún no le has dicho que hemos terminado. Ella me trata con mas confianza que mi familia, creo que es una de las cosas que mas me molesta perder en esta situación. Si llegá a dejarme de hablar sé que habré perdido familia de verdad.

Al irme, en el ascensor, me volviste a abrazar. Te abracé, te abracé y no quería dejarte ir. “¿Todo bien?” te pregunté; “sí, solo quería abrazarte” me respondiste. Como me faltaba sentir que me querías de nuevo. Se te escaparon unas lágrimas, te las limpiaste con algo de pena. “Por eso yo uso lentes oscuros” te dije; me llamaste tonto, creo que no me entendiste.

Hoy tu abrazo me desbordó, me hizo un nudo en la garganta y me ahogó en mi propia tristeza. ¿Como voy a dejar de quererte si con cada gesto de cariño me tienes de nuevo?¿Como dejar de cuidarte si tú me cuidaste tanto tiempo?. No sé como responder a esta nostalgia infame que decide atarse a mí. No entiendo como vivir sin esto.

_______
Día 30.

Pasó el tiempo, las cosas empeoraron. Es complicado explicar como hemos cambiado estas semanas. Me volví a sentir inutil para el futuro. Me sentí un idiota, me di cuenta de soy mas viejo de lo que me había sentido contigo. El tiempo me pegó mucho mas mientras no te veía en mis días libres.

Tú me abrazas, tú me hablas, tú puedes hacer conmigo tanto que no quiero ni pensar en darle ese poder a nadie mas. Te extraño, te odio y te amo mientras me tortura saber que no es igual. Tú tambien debes ser consciente que ya no es como antes. Yo no te podré cuidar para siempre y aún así lo intentaría. No, simplemente no estamos en donde quisiera que estuviéramos.

Estos días descubrí una canción que se siente justo como me siento ahora. Hay una pequeña frase que dice “Levantemos una copa o dos por todo lo que he perdido en ti”.

No sé si mañana sea mucho optimismo, así que por hoy “Salud”

Crónicas (II)

No sé realmente como empezar a desahogarme. Normalmente uno siempre dice el nombre, algo relevante y lapida con el “esto es lo que siento”. Sin embargo, hoy tú y yo no nos conocemos, probablemente jamás lo hagamos.

He borrado ya tantas veces esta primera línea. No sé en qué momento empecé a sentirme tan vulnerable, luego de tantos años de sublimar esta depresión a través de tantas cosas. Apenas son las 11:42 de la mañana, de un domingo cualquiera, sentado frente a mi computadora. He decidido encerrarme en la oficina, no tengo a donde ir donde pudiese sentirme mejor. Podría salir a caminar y perderme por la ciudad, entre tantos edificios altos, sé que eso es posible, pero no tengo energías para lidiar con la felicidad ajena.

He perdido el camino desde hace años y, tal vez por un designio del destino, siempre he estado mezclado a la lectura. He escrito antes, pero me leo ahora y me siento un idiota, tan joven e inocente, como esperando un cambio enorme que, a estas alturas, aún no llega. Ya 20 años de un primer poema maltrecho, barato y derruido, cuyo papel ya se perdió en el tiempo. Pero eso no es importante.

El aire está enrarecido, pesado, me obliga a respirar forzadamente. ¿Se han preguntado qué sucede cuando un hombre no camina más? ¿Cuándo pierde la motivación? Rara vez uno ve a un hombre caer de rodillas ante el destino. Los he visto levantarse, sacudirse las penas y seguir. No entiendo por qué lo hacen, sobre todo con una sonrisa en los labios. No sé de dónde sacan la fuerza. Yo lo he intentado, pero de nuevo esto no es relevante

No me gusta hablar de mí, lo siento, no le veo la gracia a quejarme todo el tiempo, como esperando que alguien me resuelva los problemas. Me siento exhausto incluso, luego de que dejo ir mis quejas sobre otros. Algunos dicen que se aligeran las cargas, pero creo que se pierde el espíritu. Estar bajo presión me mantiene vivo, alerta. Sin embargo, y siendo la razón por la que decido escribir hoy, ¿Qué puedo hacer cuando ya no tengo fuerzas? No puedo confiar siquiera en quien es más cercano a mí. Mis padres, a mis 18 años, demostraron estar tan ausentes que tuve que desligarme emocionalmente de ellos. Para el resto de mi familia solo soy un fracasado, un hereje, un maldito y un proscrito, en ese orden. No ha habido jamás una palabra de aliento de ellos, y a estas alturas no sé si les creería

Con los años aprendí que la verdadera familia es la que uno busca, la que uno forma. Confié muchos años en varias personas, que fueron los que me apoyaron en algunos momentos difíciles. Ellos también fallaron por muchas cosas. Algunos no aguantaron la presión de la vida, otros se fueron a otras tierras, un grupo sigue acá y, sinceramente, son los que perdí porque no soporto la lástima. Soy orgulloso, siempre he sido independiente, no me gusta descubrirme débil frente a otros y eso ya lo he dicho antes. Uno a uno, fui quedándome sin esta segunda familia, tristemente no hay razones para cargarme en ellos.

Crónicas (I)

Aunque siempre hay algo del alma en lo que uno escribe, muchas veces uno se cohíbe de decir a quien siente lo que pasa por la cabeza. Porque es más sencillo escribirle a un desconocido y contarle las penas, que enfrentar a quien te hiere con o sin intención. Es más fácil dejar que las heridas dejen de sangrar, antes que ir a curarlas correctamente. Uno ve el tiempo pasar y, con el tiempo vencido, se endurece la piel, se endurecen los cortes, cicatriza el espíritu. No son días que uno pasa en ese ostracismo. Son años que uno recuerda en retrospectiva y dice “wow, que tonto fui”.

No es que uno madure y la perspectiva cambie radicalmente, es que lo de antes duele un poco menos. No es que uno se vuelva de hierro, es que poco a poco uno deja de importarse a sí mismo. De pronto te encuentras trabajando sin pensar, comiendo con desgano o dejando de comer. Te importan menos los amigos, la familia, tu pareja, tú mismo. Te ves a un espejo y consigues esas pequeñas marcas que te dicen que ya no eres tan joven; un corazón que duele, unas canas que brillan, las arrugas del tiempo en la piel cansada. Sin embargo, lo que más se nota en el espejo, en ese rostro que se extraña de no sonreír, es que el brillo de los ojos ya no está. A veces pienso que es algo de la postura, que tal vez las luces no golpean directamente la córnea. Hay algo de esa vitalidad que daba tu mirada que ya no está, simplemente ya no está.

Te lavas la cara, intentas recuperar la fantasía por un instante. “Te ves mal amigo”, es lo único que escucho de mí para mí. No tengo a nadie para llamar, hoy la soledad es mi única compañera. ¿Y qué sucede ahora? la depresión te la tienes vedada, solo que hoy es lo único que tengo. Son 28 años, de los cuales llevas la mitad en el mismo vacío. Sin apetito, sin querer hablar, sin decidir lo que debes decidir.

Hoy lo único que me queda es escribir, porque no puedo hablar con nadie, porque solo quería hablar con dos personas y ninguna de las dos está. Tal vez tú quieras leerme, tal vez no. Disculpa si te molesto con mis escritos tristes, no sé mucho de escribir sobre cosas felices…